/ Valentina y Mamá Meli. Guerreras de la Vida y el Amor.
August 12, 2016

Feliz, sana, riéndose a carcajadas y corriendo soplada detrás de Beto (su perrito) que iba en escapada súper veloz, así fue como encontré hoy a Valentina cuando llegué a visitarla. Ella es una niña preciosa que pronto cumplirá 3 años y que a su corta edad, puede alardear de ser toda una guerrera y una campeona.

 

vale feliz si

 

 

Su historia es tan inspiradora y está tan llena de fuerza y de valentía (como su propio nombre lo dice) que hoy les quiero contar sobre ella y su mamá, para que todos celebremos juntos en esta fecha tan linda que viene, las verdaderas historias de amor y los milagros que suceden cada día y que es bueno compartir para ayudarnos entre todos a fortalecer la fe y la esperanza no solo en nuestras vidas, sino en el mundo.

Voy a empezar por contarles que Valentina no fue una bebé “planificada por agenda”, por así decirlo, ella fue una atípica y hermosa sorpresa que desafió desde su concepción todos los pronósticos y todo lo que alguna vez hemos conocido como “normal”.

Cuando Melissa la mamá de Valentina quedó embarazada, según sus propias palabras, ella estaba en su mejor momento con respecto a su salud, peso y estilo de vida. Estaba haciendo mucho ejercicio e incluso estaba entrenando fuerte para triatlón. Tenía una alimentación sana guiada por un nutricionista y estaba muy contenta con las metas que estaba logrando alcanzar.

Una vez enterada de la noticia y aprovechando que se sentía tan bien y que estaba tan motivada, Meli empezó a disfrutar su embarazo cuidándose y manteniendo sus buenos hábitos alimenticios, comiendo 5 veces al día incluyendo sus meriendas y siguió nadando y haciendo yoga.

Todo transcurría normalmente hasta que un día, entre una cita y la cita del mes siguiente el médico detectó que la bebé tenía 3 semanas de no alimentarse y de no recibir oxígeno, por lo que no estaba creciendo y el latido del corazón estaba bajo.

El único síntoma que Meli recuerda haber tenido es dolor de cabeza, pero como ella tuvo preeclampsia, que es presión alta en el embarazo, el dolor de cabeza no era algo fuera de lo normal.

Los doctores les explicaron a los papás que la bebé tenía más probabilidades de sobrevivir fuera del vientre materno que dentro, así que en una cesárea de emergencia, Valentina vino al mundo un 14 de octubre de 2013, con 30 semanas de gestación y midiendo aproximadamente 28 cms.

No se le habían formado las pestañas, ni las cejas, ni las uñitas. Dice Meli que era como un “bebé cuilo”. Había nacido de 6 meses pero pesaba lo que pesa un bebé de 5 meses. A esto se le llama “Gran Prematuro”, o sea un bebé con un peso por debajo de los 1500 gramos. Valentina nació de 1050 gramos. Para poder salir del hospital, mínimo, deben pesar 1800 gramos.

El panorama que les presentaron a los nuevos padres, como ya se imaginarán, no fue muy alentador.

Los médicos le dieron a la bebé un pronóstico “reservado” e indicaron que podía presentar retraso cerebral por la falta de oxígeno, retinoplatía de prematuro (problemas de la vista), problemas de sordera, problemas de lenguaje y problemas respiratorios entre otras cosas.

Meli tuvo que esperarse mes y medio para poder alzar a su hija. Ella iba a verla todos los días y durante ese período solo podía tocarla por las aberturas de la incubadora. Le llevaba cuentos y le leía historias como El Principito y ambos, ella y el papá, nunca dejaron de hablarle y de contarle todo lo lindo que se iba a encontrar afuera cuando saliera.

agarrada duro

Le decían que en el mundo había arte, música, teatro, pintura, mariposas y miles de cosas bellas que ella iba a poder disfrutar y ver cuando se recuperara. Guiados por el amor que los ayudó a sobrevivir esta experiencia los papás de Valentina de manera instintiva, siempre quisieron que la bebé los pudiera sentir y supiera que no estaba solita. Melissa pasaba en el Hospital México de 7am a 7pm y esa hora y después de trabajar el papá llegaba a quedarse con ella a veces hasta la 12 media noche.

Melissa pensaba que si la bebé iba ganando un poquito de peso cada día, posiblemente pronto la darían de alta, pero Valentina estaba devolviendo con el reflujo la leche que le administraban por sonda, entonces no subía de peso y tenía una anemia profunda. Su sistema inmunológico era casi nulo y esto le provocó una infección.

En ese momento y para administrarle antibióticos la volvieron a pasar a intensivos, le hicieron una transfusión de sangre y los médicos no descartaban que la bebé pudiera tener meningitis.

La volvieron a entubar y les dijeron a los papás que se despidieran porque no podían asegurarles que Valentina sobreviviría la noche.

En la infinita sabiduría que brota del corazón de las mamás y en un acto que pocos tendríamos el valor para hacer, esa noche Melissa habló con Valentina y le dijo lo mucho que la amaba y que a ella le constaba todo el esfuerzo y toda la lucha que ya había librado por aferrarse a la vida, pero que ella siendo su mamá que la quería tanto le daba permiso de irse tranquila si eso era lo que ella (bebé Valentina) quería y le dijo que no se preocupara por ellos (sus papás) , porque ellos iban a estar bien y le dio un beso enorme.

Su papá sacrificó ese beso de despedida y se lo prometió a la pequeña guerrera para cuando ella saliera de ese lugar.

Esa noche en la capilla del Hospital, acercándose a Dios y a esa energía que está más allá de nosotros y buscando respuestas, Meli dice que ella puede dar fe de que “cuando uno pide, le responden”. Melissa esa noche también habló con Dios “de tu a tu” como ella misma dice y le dijo lo siguiente al del arriba:

“Ella es su hija, no es mía, usted me la mandó. Ella no se merece estar enfermita porque ella ya demostró durante un mes y medio luchar y ser merecedora del don de la vida que solo usted otorga. Si me la va a entregar, entréguemela sana para que ella pueda disfrutar su vida y si me la va a quitar, quítemela hoy, yo acepto y estoy lista para dejarla ir si eso es lo que usted va a decidir”.

Al día siguiente cuando los llamaron de emergencia en la mañana para que llegaran al hospital Valentina estaba totalmente recuperada: había recuperado la consciencia, ya estaba despierta!!!!. La bacteria estaba cediendo ante el antibiótico y estaba consciente de nuevo aunque había perdido oxígeno durante todo el día anterior porque sufrió de espasmos respiratorios.

vale canguro

A partir de ese momento “vieron la luz” y Valentina empezó a recuperarse y a ganar peso.

Cuando a Valentina su mamá por fin pudo empezar a “cangurearla” ya una vez desconectada de los tubos y los respiradores, en semana y media aumentó el peso que no había ganado en dos meses.

 

Como dice Meli, “el amor de una madre y ese vínculo tan fuerte que es inexplicable, cura a los bebés”. Así de sencillo. El amor los cura!.

La “yiraf” como le dicen sus papás de cariño, estuvo internada 2 meses y medio en la Unidad de Neonatos del Hospital México, con quienes estarán eternamente agradecidos por la convicción, la ética, el profesionalismo y sobre todo por la humanidad con la que los trataron y los guiaron durante todo este tiempo tan incierto.

Hoy en día, Meli y Valentina comparten con las familias de otros niños prematuros su testimonio y celebran con ellos el Día del Prematuro en el Hospital México contando su historia para que los papás que están pasando por este proceso sepan que los niños sí pueden salir adelante y que sí vale la pena todo el sacrificio.

Melissa les cuenta que cuando Valentina estaba en la incubadora, ella le cantaba la canción de Aladino: “Un mundo Ideal” y que al día de hoy cuando se la canta, Valentina la reconoce porque la vuelve a ver con los ojitos como vidriosos y le agarra las manos como diciéndole: “yo te oía, yo se que estabas ahí luchando por mi”.

Luego del Hospital México a Valentina la empezaron a atender en el Hospital de Niños donde le facilitaban toda la alimentación que una bebé como ella necesitaba, porque sus niveles de hemoglobina estaban por debajo de lo normal y debían controlar su anemia. El primer año fue de mucho control y seguimiento con alergólogos, gastroenterólogos, neumólogos, y todos los “ólogos”, como dijo Meli.

Al día de hoy Valentina y su mamá llevan una vida normal, la chequean una vez cada 6 meses con el Pediatra de Crecimiento y Desarrollo Humano y más bien resulta que está super adelantada para su edad. Tiene el vocabulario y el nivel de aprendizaje de un niño un año mayor y en el kínder donde va desde hace 4 meses más bien ayuda a los más pequeños a que tiren la pelota y aprendan a jugar. Cuenta y se sabe los colores en inglés y en español y conversa como si fuera una niña grande. Es una artista nata, tiene pintadas todas las paredes de su casa y cada tres minutos pide el lápiz o el pilot para seguir dibujando hasta encima de sus propios brazos!!!!!

colochos blog

Hoy a sus casi 3 años Valentina ha ido superando poco a poco sus alergias y ya puede comer casi de todo. Se alimenta muy sanamente con comida preparada en casa. Todo lo que usan para darle sabor y olor a las comidas son ingredientes naturales y tiene una alimentación balanceada porque hasta lleva meriendas saludables al kínder, dice la mamá!,

De Cosecha Dorada le encantan los Ajonjolitos que son Palitos Integrales con Dulce de Caña Orgánica y las Galletas de Soya Vainilla que son las vienen “en forma de flor”.

Melissa cree que esta prueba fue “un regalo que le dio la vida” para que ella pudiera valorar aun más lo que significa tener un hijo y mientras trata de recordar quien es el autor de esta frase: “cada bebé nuevo que llega al mundo es prueba que Dios aun cree en la humanidad”, Valentina ya está inquieta y quiere que vayamos a perseguir unos patos y que nos tomemos fotos con ella y con su Mamá Meli como le dice siempre.

Mamá Meli y Valentina, Feliz Día de la Madre y de las Guerreras luchadoras!!! Gracias por inspirarnos con su historia de amor y de fortaleza!!!

 

Hasta la próxima!!!

Emilia.

2 thoughts on “Valentina y Mamá Meli. Guerreras de la Vida y el Amor.

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